Arte aplicado
Paso a paso:
- Situado en el lugar que se haya considerado con antelación por los/las tallleristas, o en el que el movimiento del taller nos guíe, colocamos un grupo de plantas. Cada una de las personas dirá algo sobre alguna de las plantas -la que más le llame-. Algo que sea más bien corto, puede ser una palabra, o una frase corta, tal vez la melodía de una canción, o una libre asociación de cualquier índole, un impulso, un pequeño gesto, una sonrisa, o nada.
- Se les indica a los participantes llevarse la planta con ellos durante todo el taller, no la planta física sino el afecto de esa planta en sus cuerpos. En caso de que no haya una información de las plantas afines a los participantes, o no se puedan conseguir, se sugiere trabajar con unas plantas de olores diferenciados: albahaca, caléndula, manzanilla, canela, ciprés, clavo, cilantro, eucalipto, hierbabuena, laurel, perejil, romero, ruda, y otras plantas que puedan hacer un herbario-botiquín con propiedades mágicas, creativas, imaginativas, y fabulativas.
- Las franjas de papel en las que se ha dibujado ahora se convierten en caminos para andar y sembrar intenciones. Esas intenciones son texturadas, recogidas-andadas a través de distintas materialidades que son escogidas y agrupadas en parejas.
- Las parejas diseñan caminos con pétalos, hojas, semillas, papel, confetis, tierra. La atención está puesta en la configuración de un camino de memorias sutiles-corporalizadas que colectan las intenciones de las parejas, un trazado de imágenes táctiles, olfativas, sonoras, conducentes a la siembra de una necesidad vital.
- El camino deberá ser trazado y dejarse abierto – algo para seguir andando- y sin embargo tendrá que dar lugar a una intención propicia. (¿Intención será la palabra adecuada?).
- Al final del recorrido los participantes en parejas se reúnen con una bitácora -un cuaderno que recolecta instantes de sensación, pensamientos, grafos, trazos, textos, palabras, pedazos de. Los dos participantes dialogan sobre el camino que construyeron juntos. (Solo hasta este momento las palabras toman un papel importante, y sin embargo este diálogo no necesariamente necesita de la palabra). Los dos se hacen preguntas sobre el camino hecho.
- Nuevamente en parejas los/las participantes se juntan y se distribuyen en el espacio. Pueden ser las mismas o pueden ser otras.
- Las parejas caminan por el espacio sin rumbo fijo, pero tratando de conocer con quién se camina, a través de su ritmo, y en general de las relaciones que pueden encontrarse entre dos cuerpos que caminan juntos: irán apareciendo, o el/la tallerista las irá pautando con delicadeza y sin forzar ninguna relación.
- En el caminar se deciden dos roles. Una de las personas de la pareja será guiado y el otro guiará. Cuando se haya decidido esto, las parejas se detienen. La persona que será guiada se le vendan los ojos, la otra persona lo conducirá a través del espacio.
- El recorrido inicia. La persona que tiene los ojos vendados empieza a hablar de lo que se le ocurra en principio. Se le recordará que le acompaña su planta, que la lleve consigo -nuevamente no se trata de la planta física-.
- La persona que conduce tratará de traducir lo que la otra dice al cuerpo de quien dice creando una especie de movimiento continuo de un cuerpo hacia otro. El participante que habla recibe lo que el otro recoge y le entrega a través de conducir su cuerpo: palpando suavemente, girando, cambiando el ritmo, haciendo contacto o entregando una cualidad distinta del movimiento o el tocar al otro, y en lo posible siempre en desplazamiento, caminando.
- Al mismo tiempo, la persona que guía y escucha a quien dice, está atento, perceptivo, abierto a conducir las sensaciones del otro, lo que dice-siente a través de la palabra, a su propio cuerpo y el del otro. Se trata de crear un ciclo entre los dos que recoge y entrega, da y recibe. Entre los dos se abre un camino de sensaciones.
- Los relatos y experiencias que se cuenten no tienen que ser tristes o dolorosos, o negativos, pero si aparecen sensaciones de ese tipo no habrá que bloquearlas, sin embargo, deberán ser cuidadas.
- Al finalizar el recorrido, la experiencia se recoge a través de una siembra. La siembra se trata de recoger entre los dos en una superficie -bitácora, hoja, pedazo de papel grande o incluso muy grande y extenso según la necesidad creativa-, las sensaciones, las palabras, los trazas, y todo tipo de cualidades que fueron quedando en el transcurso del recorrido: ej. Venía caminando cansado, cerré la puerta, te toqué el brazo más fuerte, me sentí inseguro, me soltaste, alcancé a las otras bicicletas y seguí con ellas, rojo, grande, rojo un poco más rojo, bruma que deja ver a través. Se trata de intentar colectar una suma de sensaciones y concentrarlas en un espacio que figure los estados relevantes de la trayectoria. 1. No es necesario que se convierta en un relato. 2. No tiene que ser legible. 3. Podrían no aparecer las palabras y entonces se deben tener materiales a la mano que puedan conducir la siembra.
- El/la tallerista ha de estar atento a las necesidades de los/las participantes. Las maneras que se produzcan en la relación de guiar y ser guiado deben ser siempre cuidadosas y atentas a la disposición de quienes la hacen, de sus corporalidades, de su condición física, de sus posibilidades.
- Al terminar, el rol de los participantes en las parejas se invierte.
Recomendaciones:
- Estas plantas son diversas y escogidas según lo que conozcamos de las personas con las que trabajamos. Si ha existido una sesión anterior en ella podríamos haber preguntado sin decirlo directamente, algo sobre las plantas.
- Los/las participantes van hacia las plantas -en todo caso habrá más plantas que participantes-, las miran cuidadosamente, con detalle, las olfatean, las tocan cuidadosamente, las sienten de las maneras en que cada uno pueda.
- El/la tallerista deberá dejar que libremente se configuren los caminos, y se eche a andar la movilización de una experiencia sentida a través de los materiales y encaminada hacia el futuro.
- El/la tallerista podrá pautar según su conocimiento de las personas y la materia trabajada, sin conducir sino más bien generando espacios para la apertura de sensaciones.
- En caso de que el número de participantes sea impar, será válido que haya un trio.
- El/la tallerista se encargará de generar algunas pautas a los/las participantes para enriquecer sus posibilidades.
- El cuidado será una tarea tanto de quien guía como del/la tallerista.
